Nuestra Misión

Colaborar en el mejoramiento de las condiciones de vida y el habitar de las comunidades rurales de nuestro país, así como en el rescate y fortalecimiento de la memoria territorial, a través de procesos participativos integrales que fortalezcan los saberes locales, la autonomía, el intercambio de saberes y la resiliencia, reconociendo siempre a los habitantes como al centro de los procesos y la toma de decisiones.

Nuestra Visión

Facilitar, de forma respetuosa y honesta, procesos comunitarios impulsados de forma autogestiva, usando la arquitectura como una herramienta de transformación social para la defensa de los derechos humanos.

Pronunciamiento

El trabajo que realizamos en conjunto con las personas que colaboramos tiene un carácter complejo y sistémico, pues abordamos las múltiples dimensiones que se interrelacionan con el habitar: socio-cultural, ambiental-territorial, económica-productiva y política-normativa. Los procesos sociales en los que participamos no deben entenderse como altruismo, trabajo voluntario  o labor humanitaria. Nuestra práctica se relaciona con un ejercicio constante de denuncia, justicia social,  democracia y defensa de los derechos humanos,  a través del cual abogamos por la construcción de una sociedad colaborativa, justa y solidaria.

Como equipo conformado por mujeres, tenemos el compromiso social de reflexionar sobre los actos de dominación y violencia patriarcal que se ejercen desde la arquitectura sobre las mujeres, sus familias, comunidades y territorios, con el objetivo de encontrar nuevas formas de acompañar procesos sociales relacionados con el derecho al hábitat, desde una postura que rechaza el sistema de violencia patriarcal, el racismo, el colonialismo y las visiones tecnocráticas hegemónicas. Cuestionamos e incidimos en las políticas públicas de México a través del desarrollo de procesos sociales participativos y emancipatorios en donde la arquitectura sea empleada como una herramienta de transformación social para:

Rechazar todo tipo de violencia contra las mujeres, sus familias y pueblos: patriarcal, racista, epistémica, ambiental, económica e institucional.
Reconocer los saberes [constructivos, territoriales, culturales y ambientales] que han producido los pueblos colectivamente a lo largo de los años.
Acompañar de forma respetuosa a grupos organizados, habitantes y pueblos en la gestión, producción y defensa de su territorio.
Desarticular los procesos arquitectónicos hegemónicos que reproducen lógicas coloniales.
Respetar la filosofía de vida de los pueblos originarios y sus diversas formas de habitar como producto de la relación afectiva que tienen con sus territorios.
Recuperar la construcción basada en la solidaridad y la ayuda mutua. Construir no solamente el entorno físico sino también el tejido social.
Conservar los oficios tradicionales con el objetivo de detonar cadenas productivas locales y círculos económicos solidarios.
Promover espacios de reflexión crítica basados en la educación popular para la liberación.
Cuestionar los métodos y procesos constructivos actuales basados en modelos económicos que dejan a los pobladores al margen de las decisiones.
Desarrollar estrategias de trabajo basadas en el fortalecimiento de capacidades para la autogestión y autonomía de los pobladores en el corto, mediano y largo plazo.
Aprender del “buen vivir” y las prácticas comunitarias para el entendimiento, gestión y producción social del territorio.
 Creer en las capacidades que tienen los pueblos rurales para gestionar, diseñar, implementar y evaluar estrategias y proyectos.
 Abonar a la construcción de una sociedad justa, equitativa y solidaria basada en los principios de la libre determinación.