Nosotras

Comunal se funda en el año 2015 en la Ciudad de México por Mariana Ordóñez Grajales, arquitecta egresada de la Universidad Autónoma de Yucatán. En el año 2017 se asocia con el equipo la arquitecta Jesica Amescua Carrera, egresada de la Universidad Iberoamericana.

Como equipo conformado por mujeres, tenemos el compromiso de incentivar y facilitar la participación de las mujeres adultas, jóvenes y niñas en todos los proyectos y procesos que desarrollamos en conjunto con las comunidades. Iniciamos por respetar y valorar las aportaciones que realizan las mujeres en los procesos estratégicos, administrativos y constructivos, las cuales deben entenderse bajo sus propias lógicas, rendimientos y definiciones colectivas realizadas por las mujeres de cada comunidad, respetando siempre su contexto cultural.

Valoramos el objeto arquitectónico por su capacidad de ser funcional, formal y estéticamente apropiado a la esencia del lugar, la cultura y la gente, pero sobre todo, como la representación de procesos de negociación entre consensos y disensos. Por ese motivo, no concebimos a la arquitectura como una obra de autor o como un objeto estático, artístico e inmodificable; sino como un proceso social colaborativo, vivo, abierto y en evolución constante que permite a los pobladores expresar sus ideas, necesidades y aspiraciones, reconociéndolos siempre como el centro de los proyectos y la toma de decisiones. Es decir, visualizamos a los habitantes como sujetos de acción y no como objetos de intervención.

Para comprender las múltiples formas en que se manifiesta el hábitat humano, hemos recurrido a la visión democrática de la Arquitectura Participativa y la Producción Social del Hábitat, cuyas nociones entienden que los individuos de cualquier grupo social y contexto cultural tienen la capacidad para identificar sus necesidades, proponer soluciones y tomar las decisiones adecuadas para el desarrollo de su territorio. Su enfoque integrador e intercultural respeta todas las formas de vida y nos ha llevado a desarticular la práctica hegemónica del arquitecto para desarrollar un rol de facilitadoras y mediadoras que acompañan a las comunidades en la defensa de su hábitat, usando como herramientas el intercambio de saberes, la reflexión crítica y la construcción de conocimiento colectivo.